El tapeo barcelonés tiene personalidad propia: más pinchos y montaditos que en Madrid, más influencia marinera que en Sevilla, y una presencia de producto catalán (pan con tomate, croquetas de bacallà, escalivada) que lo diferencia del resto. Esta selección de 12 bares cubre diferentes barrios y presupuestos, pero todos tienen en común la calidad del producto y el carácter del local.
El Born y el Gòtic: tradición con criterio
El Xampanyet, en la calle Montcada, es el bar de tapas más fotografiado del Born y probablemente merezca serlo: las anchoas con cava son una combinación perfecta. Bar del Pla, a dos calles, tiene las croquetas más reconocidas del barrio y una selección de vinos naturales que lo distingue de la competencia. En el Gòtic, el Bodega Sepúlveda tiene el carácter de taberna antigua con carta actualizada.
La Barceloneta: mar en el plato
El Vaso de Oro, en la Barceloneta, es legendario por sus canapés de jamón y sus cañas bien tiradas. El espacio es exiguo y siempre está lleno, lo que forma parte de su encanto. La Cova Fumada, donde dicen que nació la bombeta (la tapa redonda de patata y carne), es otro clásico del barrio marinero: sin carta, sin reservas, producto del día escrito en pizarra.
El Eixample: tapeando en la cuadrícula
Cervecería Catalana, en el Passeig de Gràcia, tiene las tapas más fotogénicas de la ciudad: montaditos perfectamente presentados y una selección amplia de cervezas. Siempre hay cola, pero avanza rápido. Paco Meralgo, en la calle Muntaner, es el elegido de los barceloneses para una tapa de calidad en un ambiente sin pretensiones: los pimientos de Padrón y las gambas a la plancha son de referencia.
Gràcia y el norte de la ciudad
El barrio de Gràcia tiene una concentración de bares de tapas con buen producto y precios sensatos. La Pepita, en la calle Còrsega, tiene los bocadillos de la ciudad y una barra con pinchos que rota durante todo el día. Bar Calders, en el Poble Sec, es el punto de encuentro del barrio artístico con una carta de tapas sencilla y honesta.
El Poble Sec y Montjuïc: el nuevo epicentro
La calle Blai, en el Poble Sec, es la versión barcelonesa de la calle de los bares de pinchos. Decenas de locales compiten con pinchos a un euro o uno cincuenta, de calidad variable pero con una energía colectiva que crea un ambiente único. Para quien busca algo más cuidado en la misma zona, Quimet & Quimet, la bodega más famosa del barrio, tiene montaditos de conserva y anchoa que son una institución de la gastronomía barcelonesa.
Reglas de oro para el tapeo barcelonés
Ir a la hora de la barra: entre las 13 y las 14, y entre las 19 y las 21. Fuera de esas horas, muchos bares tienen producto menos fresco. Pedir siempre al camarero qué es lo mejor del día: la honestidad en la respuesta es una señal de que el local es de confianza. Y llevar efectivo: muchos bares tradicionales de la ciudad siguen sin aceptar tarjeta para consumos pequeños.
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